Con el Sol a cuestas. Día 11. Relax en Santorini



La mañana comenzaba bien aunque el día no lo acabara tanto, en la panadería de “Boras” mi saludo en griego coló y me soltaron una perorata en el mismo idioma que evidentemente me dejó con cara desencajada. El dependiente y yo sonreímos y me dijo, ya en inglés, “tienes buen acento griego, ¿de dónde eres?”. Un poco de cháchara y listo para comprar el desayuno recién hecho. Muy rico y barato.
Este día teníamos todavía los quads en alquiler así que podríamos movernos libremente. Decidimos pasar el día relajados, bajamos a la playa de Monolitos. No muy bonita pero con aguas cristalinas y muy tranquila, eso sí, de piedrecillas, nada de arena. Cuando nos hubimos cansado del sol y de las piedras nos volvimos a la pensión George y su solitaria piscina, donde disfrutamos de más tranquilidad, calor y agua refrescante.

 
Playa de Monolitos

La piscina de la pensión George


El hambre y la tarde azuzaban, así que nos pusimos los cascos, cogimos las mochilas y pusimos rumbo a Fira, la principal población de la isla. El viaje fue corto, pero tardamos bastante en aparcar, parecía que toda la isla había pensado en ir a pasar la tarde a Fira. Tras unos cuantos minutos de aquí para allá conseguimos encontrar espacio para ambos quads. La siguiente complicación fue encontrar lugar para comer, era ya tarde y un par de sitios donde pasamos la cocina estaba cerrada. Al final nos decantamos por el Ouzeri, y la verdad comimos bien, pero un poco caro comparado con lo que cenamos en Karterados. Con el estómago lleno ya pudimos salir a pasear tranquilamente por el pueblo. Como todo lo visitado hasta ahora, no decepcionó, callejuelas estrechas de casas blancas con subidas y bajadas hasta dar con unas vistas impresionantes de la caldera. La afluencia de turistas era notable y la estrechez de las calles hacía que a veces fuera un poco incómodo, pero como todo, se soluciona caminando más lejos. Encontramos un lugar no muy frecuentado donde pudimos hacer una buena sesión de fotos, y es que las vistas no eran para menos.

De sobremesa

Paseando por Fira

En Fira hay infinidad de tiendas y comercios

Vistas de la caldera

Vistas desde el otro lado

Sesión fotográfica I

Sesión Fotográfica II (me abstengo de subir las otras 14)


Después de varias horas por allí decidimos volver a Karterados a tumbarnos un rato e ir a comprar la cena al supermercado. Pero nada más aparcar el quad llegó el temido momento de todo fotógrafo amateur, la mochila donde llevo la cámara se me cae y se da un buen golpe contra el suelo. Rápidamente saco la cámara de la mochila a comprobar tan preciado objeto y veo que el objetivo se ha abollado un poco pero sigue de una pieza. Sin embargo, cuando voy a encender la cámara esta no responde y me temo lo peor. Con la mala leche subida voy rápido a la habitación a intentar mil y una historias, comprobar el manual, en foros de internet, reseteando y demás historias, pero nada. Desde ese mismo instante mi cámara réflex había pasado a mejor vida, cuando llegara a casa la llevaría a una tienda oficial a ver si tenía arreglo*. Por suerte la cámara de Fany era de la misma marca, con lo que gracias a eso (y a su generosidad dejándome su cámara) pude saciar mis sed de fotos incluso usando mis propios objetivos en los siguientes días del viaje. Con la cena compramos también unas cervezas y nos “arreglamos” para salir luego a dar una vuelta, pero como venía siendo habitual en el viaje tanto comer, tanto hablar y tanta modorra pudo con nosotros y la velada terminó donde empezó, en la terraza frente a nuestra habitación.


*Al final del diario contaré qué pasó con mi cámara al volver del viaje. Ya sé que no os importará, pero oye ya que es mi blog…





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Con el Sol a cuestas. Día 10. Quads en Santorini



Amanecimos medianamente temprano y comenzamos el reparto de tareas: desayuno y transporte, pero antes de todo eso nos acercamos a un cajero a una buena pateada de distancia. Con el “cash flowing” en nuestros bolsillos y estómagos llenos fuimos en busca y captura de transporte: un par de quads para los cuatro. La tranquilidad lugareña hizo que la tarea se dilatara más en el tiempo de lo que pensábamos, pero antes del mediodía ya estábamos a lomos del cuatro ruedas por las carreteras de la isla.

Nuestros quads

Día azul

Nuestro primer destino fue la Playa de Vlyhada. La verdad que conducir el quad fue bastante divertido y una vez le pillabas el puntillo al freno y al acelerador, la conducción camisa abierta, bajo un sol abrasador a través de aquella preciosa isla mediterránea fue una de las mejores experiencias de todo el viaje. El tráfico sólo era intenso en las inmediaciones de pequeños pueblos y la mayoría de vehículos eran quads y motos. Tuvimos algunos problemas logísticos (porque un quad corría bastante más que otro y perdimos a nuestras compañeras un par de veces) y decidimos quedar directamente en la playa, ya que esperar nos iba a retrasar aún más. La playa de Vlyhada es una bonita playa en la parte sur de la isla rodeada de unos largos muros de color beige con formas onduladas. La verdad que fue bastante acertada la elección ya que no había mucha gente y la playa era bastante grande y pese a que las piedrecillas quemaban y rozaban al andar descalzo, la tranquilidad era absoluta.

Playa Vlyhada

Extraños "muros" de la playa

Llegó la hora de llenar el buche y decidimos hacerlo en uno de los dos chiringuitos que había en la playa, tenía buena pinta y al comprobar los precios de la carta vimos que no era para nada caro. Así que nos sentamos y por desgracia lo hicimos en el único sitio del viaje donde nos timaron como buenos guiris. Cuando ya casi habíamos decidido qué pedir el camarero nos ofreció la pesca del día, nos dijo que con dos para los cuatro sería suficiente, a la brasa un pescado carnoso y bien grande. La idea nos pareció bien y todos asentimos. Cuando llegó el mega pescado (el tamaño era impresionante) ninguno nos quejamos y disfrutamos bastante de él. También habíamos pedido una ensalada y de postre algo de fruta, sandía si no recuerdo mal. El problema llegó cuando pedimos la cuenta y vimos que el pescadito de marras costó más 50 euros la pieza, eso unido a que lo más caro de la carta eran unos 12-15€ pues se nos quedó cara de gilipollas y con un cabreo interesante. Se lo comentamos al hombre y nos dijo que es que era un pez único de aquella zona bla bla bla, bla bla bla. Pagamos la dolorosa y nos fuimos a dar un paseo por el malecón, unas fotillos más y de nuevo al quad.

Felicidad antes de saber el precio

Esperando el banquete

Playa Vlyhada desde el malecón

Esta vez no fuimos muy lejos, sino a la siguiente playa, pero para llegar había que salir de nuevo a una de las carreteras principales para luego bajar un poco casi hasta el nivel de mar. La carretera se acababa antes de llegar, así que aparcamos nuestros quad a la sombra. Se notaba que estábamos en una de las playas más visitadas de la isla, el trasiego de gente era continuo. Para amenizar el pateo hasta la famosa playa roja de Santorini nos pillamos unos frapuccinos (o café helado de toda la puta vida) que nos calmaron un poco la sed. El camino era estrecho y el descenso hasta el agua se hacía bastante complicado por el terreno y la cantidad de gente. La siguiente batalla fue encontrar un hueco en la pequeña playa. No es que hubiera cientos de personas, pero la gente llegaba y se iba, echaba fotos y el tamaño no ayudaba. Nos bañamos en las aguas cristalinas buscando una zona lo más tranquila posible. Cercana a la playa roja estaba la playa blanca, pero sin acceso por carretera, o te pegabas una buena nadada a lo David Meca o pagabas a una barcaza para que te llevara hasta allí. Al final decidimos quedarnos donde estábamos y conquistar una roca (bastante solicitada) que sobresalía en medio del mar.

De camino a la playa roja

La Playa Roja

Barcaza hacia la playa blanca

El porqué del nombre

Panorámica de la playa

Se nos estaba acabando la tarde, así que volvimos por el caminejo hasta los quads y fuimos a dar una vuelta con los quad. Hicimos una parada a mitad de la isla en un mirador, el sol estaba cayendo y la tonalidad de la luz invitaba a ello. Aún estábamos lejos de Oia, donde dicen se observan los atardeceres más bonitos de la isla, pero nos pusimos los cascos de nuevo y tratamos de llegar a tiempo. Llegar hasta allí no es tarea fácil, hay dos carreteras y son de bastante montaña ambas, al alquilar el quad nos recomendaron evitar una de ellas así que no hubo problemas para decidir por dónde ir. El camino estaba bastante solitario ya que se daba bastante vuelta, pero la verdad que los paisajes era para pararse cada dos por tres. Una pena fuéramos con prisa y no pudiéramos hacerlo, el sol se estaba escondiendo a importante velocidad y parecía que finalmente no lo conseguiríamos. Por el camino perdimos a Ángela y Fany, ya las encontraríamos más tarde. Al entrar a Oia el jaleo de gente era excesivo, parecía que toda la isla se encontrara allí, aún se podía ver el sol pero aún quedaba la tarea más difícil, encontrar aparcamiento. Tras muchas vueltas por las empinadas calles del pueblo encontramos una callejuela donde pudimos dejar el quad y ver algo del atardecer, aunque una brumilla estropeara un poco la estampa y nuestra localización no fuera la adecuada.

Selfie

Sesión fotográfica 1

Sesión fotográfica 2

Sesión fotográfica 3

Panorámica de la parte este de la isla

Atardecer en Oia

Sol entre la bruma

Ya con el sol oculto emprendimos el viaje de vuelta, ya nos encontraríamos en nuestro apartamento. Y así fue, al poco de llegar nosotros llegó la otra parte implicada. Compartimos impresiones y nuestro viaje y luego fuimos hasta el supermercado a comprar víveres para cenar. Teníamos la intención de salir luego a tomar una cerveza por ahí, pero al final nos la tomamos en nuestra terracilla y la pereza pudo más. Al fresco nos quedamos hasta que decidimos entrar y planchar la oreja, el día había sido largo.






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Con el Sol a cuestas. Día 9. Exprimiendo Mykonos



Ya que aquella noche se nos había salido un poco de presupuesto qué menos que aprovechar de las instalaciones. Una vez despierto a ponerme el bañador y salir a la piscina a disfrutarla, que de nuevo la ausencia de nubes hacía que "Lorenzo" diera bastante guerra. Baño reparador, desayuno y fin de la estancia.

Nuestras vistas

Desayuno en la pisci


Nos acercamos hasta la taquilla de los barcos y pillamos los tickets para ir hasta la isla de Santorini esa misma tarde, un día antes de lo previsto, pero en lo que todos estuvimos de acuerdo. También aprovechamos para reservar alojamiento las siguientes tres noches, no nos iba a pasar como en Mykonos. Las mochilas las dejamos allí y así fuimos más ligeros a visitar aquella bonita ciudad. La verdad que no hay mucho que decir, es más fácil disfrutar de las imágenes: calles empedradas de casas blancas y algún que otro elemento azul. Lo bonito fue perderse por las callejuelas, entrar en alguna tienda para disfrutar de su aire acondicionado y gastar bastante la batería de la cámara de fotos. No pudo faltar la parada en la que llaman “Little Venezia” con las fotos de rigor. De tanto en cuanto parábamos a descansar a la sombra y comprar algún que otro refrigerio, pero los precios no habían cambiado respecto a la noche anterior y tampoco quisimos explayarnos. Paseando llegamos a una zona donde hay unos molinos al más puro estilo manchego, pero donde la meseta manchega ha sido reemplazada por un azul mar.

Agua cristalina

Callejuela vacía

Callejuela

Mujeres y escaleras

Little Venezia

El par de tres en little venezia
Molinos grecomanchegos

Desde los molinos

Mykonos al fondo

Intruso en la foto

Las calles se iban llenando cada vez más y el calor hacía lo propio. Tras pensar un rato  decidimos que podríamos ir a pasar un par de horillas a una de las playas de la isla y así refrescarnos. Para recordar viejos tiempo Gala propuso ir a Paradise Beach, lo que viene a ser una Benidorm pero en una playa. Comprobamos  los horarios de los autobuses y vimos que nos cuadraban, así que nos decidimos por esa opción. Volvimos a cruzar todo el pueblo, disfrutando de las callejuelas y las vistas al mar, estuvimos tentados de tirarnos al mar en la diminuta playa Anna del centro de Mykonos, pero decidimos por acelerar el paso y llegar a coger el bus hasta Paradise. 

De vuelta a la ciudad

Una pequeña playa

Al rico salto

El camino no fue muy largo, el bus nos dejó a las puertas de la playa. En un bar/supermercado de la zona pillamos un bocata a precio de oro y sabor de barro, pero bastante más barato que a pie de playa. La zona estaba bastante vacía, era pronto aún, pero por lo que las repetidora viajera nos iba comentando, la cosa había cambiado mucho. Los pubs al más puro estilo Benidorm estaban bastante vacíos y aunque en la playa sí había gente el ambiente no era el de la fiesta total de antaño. No supimos si es que aún era muy temprano o que la moda había cambiado y lo que fue en su momento ya dejó de serlo. De todas maneras aprovechamos el tiempo que teníamos y nos torramos un poco al sol y nos dimos unos buenos chapuzones. La tarde se nos echaba encima y era momento de coger el bus de vuelta. Una vez en Mykonos cogimos nuestras mochilas y fuimos hasta el puerto a esperar a que llegara el barco que en algo menos de 3h nos dejaría en Santorini.
Allí nos estaba esperando una furgoneta para llevarnos a nuestro alojamiento, era ya de noche y no pudimos disfrutar de la subida pero sí nos la pudimos imaginar. Resulta que para llegar o salir del puerto de Santorini hay que bajar una impresionante pared casi vertical de unos 300m. A unos 12 km se encontraba nuestro alojamiento, a las afueras de Karterados. Un lugar tranquilo pero con lo básico: agencia de alquiler de quad, un par de restaurantes, panadería y una playa a un par de kilómetros. Al llegar nos recibieron efusivamente y enseñaron nuestra habitación, pasando por una piscina y con un patio común que por supuesto utilizaríamos. Como era tarde no tardamos mucho y preguntamos dónde ir a cenar. Nos embutimos unos cuantos productos del mar aguados con vino y tras reposar lo suficiente volvimos a nuestro hogar temporal. El día había sido largo y estábamos cansados.






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