Retales de la antigua URSS. Día 3 (parte I): En un país inexistente


DÍA 3 (03-09-12) CHISINAU-TIRASPOL


El desayuno era de 8 a 10, programamos el despertador  a las 8 para ir con tiempo a la estación de autobuses. Nos aseamos y bastante somnolientos desayunamos unas tostadas y un huevo duro. Bártulos a la espalda y caminata a la estación, el tiempo seguía acompañándonos y se presentaba un día soleado y caluroso.
                En la estación de autobuses encontramos los andenes hacia Tiraspol, un hombre se ofreció a llevarnos en mini van, pero un autobusero nos indicó dónde estaban las taquillas para Tiraspol y preferimos esperar al bus por la mitad de pasta, 29 lei cada uno. Era un mini bus y salía en unos 20 min, la mayoría de los autobuses con ese destino salen del andén 12. La distancia no era muy larga, unos 80km, pero las bacheadas carreteras moldavas y por supuesto la famosa frontera transnistria hacen que el trayecto dure unas 2h. Al ser Transnistria un país no reconocido no existe sello de salida de Moldavia en el pasaporte. Antes de cruzar la frontera de este pseudo-país te dan un papel que debes rellenar con tus datos y que no debes perder ya que te lo piden al salir del mismo. Para estancias mayores a 24h necesitas registrarte en el ministerio del interior a través del hotel y/o inquilino que te aloje. 

En el bus a Tiraspol

Sello entrada Transnistria y hora salida nuestro bus

  
                Para el que no sepa qué diablos es Transnistria (que será la mayoría de la gente), diré que es un país reducto de la antigua URSS que proclamó la independencia de Moldavia en 1990 y estuvieron en guerra con ellos durante unos 2 años. La ONU no lo reconoce como país y solo países tampoco reconocidos son los que lo hacen. Resumiendo, que estábamos en un país inexistente.
                La “aduana” transnistria impone bastante, el autobús se para y solo los no moldavos somos los que tenemos que bajar del mismo y entrar en una caseta a entregar el papel que ya habíamos rellenado en el autobús. Son frecuentes los reportes de intento de soborno para que te permitan entrar en el país, pero parece ser que ya se han suavizado bastante y nosotros a la entrada no tuvimos ningún problema al respecto. Eso sí, los guardias con cosacas rusas y armas de fuego siguen estando presentes. El primer pueblo-ciudad de Transnistria por el que pasa el bus es Bendery, pero fue en la capital, Tiraspol, donde nos apeamos. Nada más bajar en la estación central (de bus y de tren) nos llaman unos guardias que nos piden los pasaportes y nos conducen hasta una sala de la estación. Allí intentan intimidarnos diciendo que no teníamos sello de salida de Moldavia y que no nos habíamos registrado. Ante la impasividad de nuestros rostros y nuestra negativa, esperaron un buen rato para devolvernos  los pasaportes tras un “good luck”. Pasado el incidente de intento de soborno nos dimos con un canto en los dientes de que no nos hubieran retenido mucho más tiempo como años atrás solían hacer hasta conseguir algo de dinero o alcohol. Supongo que la actitud y el no venirse abajo es lo más importante para que no te tomen por el pito del sereno.

La estación de tren (Gara Boksal)
 
                Cambiamos dinero moldavo por transnistrio, ya que tienen su propia moneda, entramos a las taquillas de bus y compramos los billetes hacia Odessa a las 15:45. Intentamos meter las mochilas en unos lockers pero la taquillera salió y nos dijo que ahí no, que nos acompañaba a donde podíamos dejarlas. El lugar fue una especie de búnker cerrado con un candado y unas estanterías, nos dio un número y que volviéramos sobre las 15h. En ese momento fue cuando me di cuenta de que me había dejado la sudadera en el autobús, así que una pieza de ropa menos para lo que quedaba de viaje.
                Liberados del mochilón comenzó nuestra pateada por el reducto soviético. Llamaba la atención el nombre de las calles como Lenin, Marx y otros antiguos comunistas. Pasamos por el parque Kirov donde con precarios andamios estaban levantando lo que parecía iba a ser una capilla. Continuamos por la calle Lenin hasta llegar a la calle principal, la calle del 25 de Octubre. Aún se veían símbolos soviéticos en algunos puntos de la misma, pero se entremezclaban con tiendas al más puro estilo capitalista.


Parque Kirov

Calle Lenin

Unos cines

Avda 25 Octubre


                 Después de acercarnos hasta una bonita iglesia ortodoxa llegamos a la inmensa plaza de la constitución, en donde estaban desmontando un escenario, ya que el día anterior se había celebrado el día de la proclamación de la independencia (2 Octubre) que data de 1990. Tras un paseo por la zona cruzamos la enorme avenida para llegar al cementerio de los héroes donde hay un antiguo tanque soviético, una pequeña capilla ortodoxa y una llama que custodia las tumbas de los caídos en la guerra de secesión (1990-1992). También al final de todo este complejo soviético se encuentra un edificio institucional presidido por una gran escultura de Lenin.

Iglesia ortodoxa

Plaza de la Constitución

Plaza de la Constitución

Plaza de la Constitución

Plaza de la Constitución

Estatua de Lenin



                 Paseamos hasta la orilla del río Dniester, donde divisamos una playa justo al lado contrario, como hacía bastante calor había gente tomando el sol y dándose un baño. Volvimos a la avenida 25 de octubre y vimos una embajada de un país que a saber cuál era, pero seguro sería uno no reconocido. Llegaba la hora de comer y optamos por una pizzería capitalista para llenar el buche, una franquicia moldava. Pedimos nuestros platos italianos y unas cervezas, nos trajeron dos cervezas en botella pero no nos las abrieron así que nos seguíamos muriendo de sed. Cuando volvió la camarera con los platos le comentamos lo de la cerveza a lo que puso una cara extraña, cogió la botella de Luis y la abrió girando la chapa, se tuvo que reír poco de nosotros.

Embajada de ???

Río Dniester

 
                Con el buche lleno fuimos hasta la casa de los soviets, un magnánimo edificio presidido por una gigantesca estatua de Lenin. A los lados fotografías de los diferentes ministros que tiene el país. Desde ahí volvimos hacia la estación de trenes. Por el camino está la fábrica de brandy Kvint, todo un orgullo moldavo atrapado en territorio transnistrio. Cuando llegamos a la estación a recoger nuestras mochilas justo estaba llegando un tren, en la taquilla no había nadie, así que salimos a los andenes y vimos a la mujer de las taquillas pluriempleada como jefa de la estación dando la entrada y la salida de los trenes. La mujer nos vio y nos dijo que esperáramos un momento. Luego nos acompañó a por las mochilas y le pagamos lo correspondiente, no era mucho dinero. Luego de un rato vimos salir el tren, vamos que parece que hicimos esperar un poco la salida del tren.


Casa de los Soviets

                 Fuimos al lugar de salida de los autobuses, cada vez se estaba reuniendo más gente, pero el autobús no llegaba. Llegaron también unos alemanes y un suizo preguntando por el mismo bus. El autobús apareció media hora más tarde de lo previsto, todos los guiris nos colocamos en la última fila. Observando el bus vimos que se trataba de uno de origen español, ya que “ventana de socorro” no parecía muy ruso. El transporte se puso en marcha rumbo a un nuevo país, a Ucrania, concretamente a Odessa.


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Juegoteca. Edge Days 2012

Tenía bastante apartada esta sección, pero creo que le voy a tener que dar más entradas. Qué mejor que una que explique un poco lo acontecido en los Edge Days 2012, para quién no sepa de qué va la vaina pues que entre en la página web del evento y lo vea.

Este año el lugar ya no fue el divertido parque de atracciones de Madrid

Retales de la antigua URSS. Día 2: Descubriendo Chisinau



DÍA 2 (02-09-12) CHISINAU

                Al final no fue ni el pasaporte ni el ruido del tren, mi garganta, que parecía haberla estado rastrillando durante una semana, me hizo pasar una noche bastante horrible. Pero no es momento de contaros mis penas, vayamos al lío.
                A las 3 y pico de la mañana soltaron el único vagón de asientos que había en el tren, lo que significaba que nos estábamos acercando a la frontera. Poco antes de las 4 entra el revisor al compartimento a despertarnos, para que acto seguido un policía rumano nos confisque los pasaportes. No sabíamos si tardaría mucho o poco, si intentar volver a dormir o no, yo opté por intentarlo ya que se estaba tranquilo y sin ruidos. Sabia decisión, aunque apenas pude sobar poco más de media hora, el policía no volvió hasta una hora y media después. El tren comenzó a moverse de nuevo, esta vez hasta la frontera moldava. Una policía muy apañada nos pasó todos los pasaportes por un lector que tenía enganchado a un portátil e hizo todas las gestiones muy rápidamente, el tren no tardó ni 30 minutos en arrancar.

Nuestro compartimento antes de la fatídica noche

                Aprovechando el movimiento decidí ir al baño para no tener que volver en todo el trayecto y poder emplear el tiempo en dormir. Pero en plena faena tocan a la puerta, insisten, le grito “occupied”, pero no me entienden con lo que acelero y salgo del baño. El revisor a empujones me mete en mi compartimento y cierra bruscamente el baño echándole la llave a grito de ¡no sanitarium! Fue después cuando me di cuenta de que el tren estaba en el tedioso proceso de cambio de ruedas, ya que en Moldavia la vía tiene otra anchura. Para la siguiente que avisen.


Nuestro selecto baño

 
Videos en youtube del cambio de ruedas:

                Por suerte, las siguientes horas, ya diurnas, las pasé dormido. Llegamos a Chisinau a primera hora de la mañana y nada más llegar nos tocó hacer el cálculo de cuántos lei sacar. Dinero moldavo en mano salimos en busca de un minibús que nos llevara hacia el albergue. Conseguimos cazar uno. Agazapados en su interior y estorbando el paso de los que entraban y salían, nos pasamos de parada y gracias a un lugareño nos pudimos parar en la siguiente, ya que evidentemente nosotros ni puta idea.  Alcanzamos la calle desde donde venían las indicaciones para el albergue y llegamos hasta la calle adecuada, mientras buscábamos el portal del Retro Moldova Hostel, aparecieron dos chicos jóvenes que trabajaban en él. Es un poco complicadillo de encontrar ya que la entrada está en un jardín que ni parece calle ni nada, pero alguna flecha pintada por ahí sí se ve. El albergue resultó ser una casa con dos habitaciones reconvertidas a dormitorios comunitarios de 6 y 4 personas, una cocina, un baño y un salón con el ancho de un pasillo. Eso sí, estaba todo bastante nuevo y limpio. Además nos indicaron en un mapa todo tipo de lugares de interés como bares, pubs y discos. Como aún era muy pronto para hacer el check in, dejamos las mochilas allí antes de salir a ver la capital del país más pobre de Europa.
                El mapa de la ciudad es totalmente cuadriculado, lo que a veces ayuda y otras dificulta encontrar los sitios. No habíamos desayunado, pero por el camino tampoco encontrábamos lo que en España llamaríamos cafetería. Solo estaban abiertos una especie de pubs chics en los que ponía coffee and cocktails. Optamos por entrar en uno de ellos a preguntar si servían algo de comer, nos dijeron que tenían tostadas así que ahí nos apalancamos. Nos trajeron la carta del sitio, repleta de cócteles y mil tipos de bebidas, tras 5-10 min de investigación concienzuda conseguimos localizar cacao, el tema de la bebida ya lo teníamos claro, pero ni rastro de las tostadas. Llamamos al camarero por eso de desayunar antes de que se hiciera de noche y nos indicó el escondite secreto de las tostadas, pedimos un par de las supuestas tostadas sin saber qué nos iba a traer. En cuanto llegó la comanda vimos lo que verdaderamente habíamos pedido, un colacao en taza de café y dos sándwiches más o menos mixtos.
                Ya terminado el desayuno fuimos a dar una vuelta por la ciudad. La impresión es de una ciudad con gente muy joven, muchos parques y arbolado, calles grandes y un número de bancos (para sentarse) que no hay ábaco que pueda contarlos.
                Paseamos por la catedral y el parque donde se encontraba, luego subimos al vecino parque de Stefan no se qué. Pillamos una gran avenida pasando entre grandes edificios imponentes, algunos pertenecientes al gobierno. Llegamos hasta la embajada rusa y dimos media vuelta, esta vez rumbo a la estación de autobuses para mirar los horarios a Tiraspol, nuestro siguiente destino (foto explicativa más adelante). La pateada fue bastante grande y justo al lado de la estación hay un mercado, con la buena suerte de que al ser domingo el mercado se multiplica x 100 ocupando la mayor parte de las callejuelas aledañas. Nos costó lo suyo llegar a la estación, pero cumplimos nuestro cometido, apuntamos los horarios y a otra cosa mariposa.
Catedral

Plaza de la catedral
Arco del Triunfo

Enormes avenidas

Parque Stefan

Imponentes edificios


Horarios Chisinau-Tiraspol (primera columna son las salidas, la segunda las llegadas, la tercera y la cuarta son del trayecto inverso)




                Para la visita a Chernóbil que teníamos unos días más adelante se necesitaba ir con manga y pantalón largo, Luis, aunque había traído abrigo y sudadera, por miedo a cocerse decidió comprarse una camisa en el mercadillo. La verdad que el precio no es que fuera para nada barato. Empezaba a entrar gazuza con lo que salimos del agobiante mercado para buscar un buen sitio para comer. En el plano-guía nos habían marcado varios que no parecían demasiado lejos de la zona. Encontramos el primero y dentro se estaba celebrando un banquete de boda, con lo que decidimos probar suerte con el Eli Pili. El sitio está bastante bien acondicionado, con buena terraza y un menú muy bueno en días laborables. Como no era este el caso, tiramos de carta. Nos decidimos por un chapati (o algo así) o lo que es lo mismo unbocatadelahostia. Reposamos la comida y la cerveza antes de emprender la pateada hasta el albergue. Realmente no estaba tan lejos, pero el cansancio del tren nocturno comenzaba a hacer mella.


Nuestra comida


                En el albergue frikeamos un rato y una mini-siesta, ducha reparadora y listo para salir por ahí. Si una cosa caracteriza a Chisinau es el ambiente que hay y la cantidad de pubs y discotecas. Antes de echar unas cervezas dimos una vuelta por otro de los parques de la ciudad, perplejos nos quedamos al ver que en los atestados parques la gente enchufaba sus portátiles detrás de los bancos y se conectaban a una red pública.

 En el albergue


                 Pateando y desechando un par de pubs al más puro estilo Ibiza, llegamos hasta el “ecce homo” tan famoso que sirvió de inspiración a Cecilia, ¡y nosotros sin saber que estaba en Chisinau! Al final plantamos el huevo en una terraza con bastante ambiente juvenil e incluso teníamos a unos alemanes hinchándose a cócteles a nuestro lado.


Ecce Homo


 Rómulo y Remo cerca del Ecce Homo

 Cerveceando                


Cayó la noche y también las cervezas, empezaba a refrescar y pese a que todas las terrazas tenían mantitas para el frío, decidimos volver al cálido hogar que habíamos pagado y pasar antes por un super 24h para pillar algo de cena. El supermercado estaba petado, pero no de chavales comprando alcohol, sino de todo tipo de gente comprando comida y demás enseres. Nos decidimos por un paquete de pasta y una salsa napolitana, cero ganas de complicarnos.
                Como buenos españoles de viaje, nos pusimos a cocinar pasadas las 23h, yo aproveché para darle uso al viber mientras dejé al chef Luis en la cocina. Después engullimos la pasta como si no hubiera fin, la verdad que estaba bastante buena, y catamos nuestras aguas minerales en pos de encontrar aquella que menos supiera a gas, un suplicio vamos. En nuestra habitación compartida solo había unas chicas alemanas de las cuales una hablaba español, estaban viendo una peli y aprovechamos para organizar el cotarro. En el salón, un trabajador del hostel y un nuevo inquilino veían videos en el ordenador. Ya tirado en la cama no tardé mucho en sobarme, solo el rato que la garganta dejó de darme mucho la lata.


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